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El Arzobispo de Zaragoza, Mons. Manuel Ureña, se dirige a sus fieles con motivo del DOMUND (España)
2009-10-15 11:44:47 - Internacional pais - Escrito por miguel_segovia13@hotmail.com

El día 18 de octubre, XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, celebramos en toda la Iglesia la Jornada Mundial de las Misiones, una jornada que tiene siempre lugar en el domingo III de octubre y que se conoce en todo el mundo con el nombre de Domingo Mundial de la Propagación de la Fe.

Como se sabe, esta Obra nació en Lyon (Francia), en 1822, por iniciativa de la joven Paulina Jaricot. Comenzó implicando a los trabajadores locales para que éstos apoyasen las misiones con una pequeña limosna cada semana. Y, un siglo después, establecida ya la Obra en casi todos los países del mundo, el Papa Pío XI la convirtió en el cauce oficial de la Iglesia Católica para ayudar espiritual y económicamente a la acción misionera de la Iglesia.

Esta ayuda espiritual y económica a la acción misionera se concreta en iniciar a los fieles en el compromiso misionero; en suscitar la vocación misionera entre los cristianos; y en ayudar a las actividades misioneras con recursos materiales.

Cada año, la Jornada del Domund es encabezada por un lema. Pues bien, este año, Obras Misionales Pontificias ha propuesto a la Iglesia de España, para la celebración del Domund, el lema: 'La Palabra, luz para los Pueblos'. La reciente celebración del sínodo de los obispos sobre 'La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia' y el mensaje que Benedicto XVI ha publicado para esta jornada han inspirado tal decisión.

Tomando pie en el texto bíblico "Las naciones caminarán en su luz" (Ap 21,24) y en el texto evangélico del mandato misionero de Cristo de hacer "discípulos a todos los pueblos" (Mt 28,19), el Papa nos recuerda que el objetivo primario de la misión de la Iglesia es iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en Él alcancen su realización plena y su cumplimiento.

La Iglesia tiene esta misión porque en su rostro santo brilla la luz de Cristo y porque cumple, además, un mandato del Señor. En efecto, por brillar la luz de Cristo en el rostro de su esposa, la Iglesia, sólo ésta tiene el poder de transmitir esta luz recibida de lo alto. Y, por estar cumpliendo un precepto del propio Cristo, la Iglesia, al transmitir la luz, no persigue extender su poder o afirmar su dominio, sino llevar a todos a Cristo, salvación del mundo.

Sólo así la humanidad entera podrá entrar por el camino del retorno a su fuente primigenia, que es Dios.

Ahora bien, si la misión y el servicio de la Iglesia no son a la medida de las necesidades materiales o de las necesidades espirituales que se agotan en el cuadro de la existencia temporal, sino a la medida de una salvación trascendente, que se actúa en el Reino de Dios, este Reino, aun siendo en su plenitud escatológico y no de este mundo, es también en este mundo y en su historia fuerza de justicia, de paz, de verdadera libertad y de respeto de la dignidad de cada hombre.

Por tanto, del ejercicio y de los frutos de la misión ad gentes dependen no solamente la salvación eterna de las personas, sino también el fin y la realización misma de la historia humana y del universo.

Siguiendo el deseo del Santo Padre, pidamos en este día por quienes han hecho de su vida una consagración exclusiva al trabajo de la evangelización, de modo particular, por quienes en la hora presente son llevados a la muerte por causa de la confesión del nombre de Cristo. Y pidamos también al Señor que aumente en la Iglesia la pasión por difundir el Reino de Dios y que inculque en las almas de todos el deseo de ayudar económicamente a las misiones.

Os exhorto, pues, a tomar con gran seriedad las exigencias del Domingo Mundial de la Propagación de la Fe.



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